Sé que algunos sois asiduos a estas fantasías y debo dar las gracias por la paciencia porque ultimamente me he encontrado un poco perdida y lo de publicar se ha convertido en algo casi imposible (a los que no sois tan asiduos también). Jooo... es que pensar una fantasía y hacer que transmita no es algo que se pueda hacer sin ganas....
Esperando que la cosa vaya a mejor (más publicaciones y más continuadas) os dejo con un pedacito de mi imaginación. Espero que lo disfruteis.
Llevaba tiempo deseando a una mujer. Hacía mucho que no sentía esta atracción por alguien de mi mismo sexo, pero es que ella era... Ella era todo cuanto mis fantasías alcanzaban a imaginar. Guapa, dulce, encantadora y tenía ese toque de inocencia que me volvía loca. Ella nunca había estado con otra mujer, ni se lo había planteado. Me gustaba la idea de que de alguna manera la estuviese pervirtiendo.
La veía todos los días pero nunca me había atrevido a decirle todo lo que su presencia despertaba en mi. Necesitaba tocar esa fina piel tan clara como la arena de la playa, necesitaba ver esos ojos azules abiertos diciéndome que me desean, necesitaba acariciar sus pechos, sujetarlos, lamerlos con mi lengua. Necesitaba quitarme esa locura que me carcomía cuando la veía...
Un día cualquiera, como cualquier otro día, salimos a divertirnos. Se presentaba bien la noche y el alcohol ya corría por nuestro cuerpo aumentando nuestra líbido. Cada vez que me agarraba y se pegaba a mi, moviéndose al ritmo de la música del local no podía evitar que el deseo de morderle el cuello, arrancarle la ropa y saborearla entera se apoderase de mí más que de costumbre.Ella iba de caza esa noche. Le gustaba que los hombres del local la admisaren cuando bailaba. Adoraba que tratasen de cortejarla. No lo sabía pero llevaba consigo a la única persona que la atraparía en sus redes esa noche. Y esa era yo. No iba a permitir que se me escapase de nuevo. Era mi oportunidad y no podía desaprovecharla.
Me escudé en el alcohol para, en un momento de descuido, besarla. Como dos amigas con ganas de tontear. Mi sorpresa fue ver que ella correspondía. Quizás fuera por el estado de embriaguez, quizás porque "la noche nos confunde" pero ella me besó, como yo lo había hecho antes.
Pasaron las horas, los bares y la noche. Estaba amaneciendo y los pies nos dolían por culpa de los tacones. Aproveché la ocasión para invitarla a dormir en mi casa, que quedaba más cerca que la suya. Subimos las escaleras y cuando llegamos a la habitación se empezó a deshacer de la ropa y casi desnuda se cubrió con el edredón. Yo la admiraba desde la puerta. Incluso era mejor en vivo que en mis fantasías... No podía creerlo.Dando toquecitos en la cama me indicó que me esperaba. Me deshice de la ropa y me metí bajo el edredón con ella. Me abrazó y se puso a hablarme a pocos centímetros de mi cara. Yo podía olerla, sentir la suavidad de su piel en la mia...
El corazón se me salía de las ganas que tenía de que fuera mia. Ella hablaba y yo solo podía imaginarla disfrutando de lo que mis manos y mi boca podían hacer por ella.Sus manos correteaban por mi espalda mientras me hablaba. ¡Dios! ¡Era inevitable! La besé. Pero no como a una amiga sino como si el mundo fuera a acabarse. Y ella... ohh... ella me besó como si ese momento fuera el fin del mundo.
No tardamos en dejar que nuestros dedos reconociesen el territorio en el que nos movíamos. Mi boca llegó a sus pechos, mi lengua los dibujó con la rapidez de un boceto. Para no perder la esencia de aquel momento. Sus manos dibujaban mi silueta, la que un juego de luces y sombras haría hasta llegar a mi sexo..Decidí bajar al paraíso. Solo quería que ella lo disfrutase. Pervertir su inocencia, esa "virginidad" que me proporcionaba el ser la primera mujer que probaba su cuerpo...
Ahí os quedais.. con la intriga ^_^. Que se me ha quedado muy largo y no creo que lleguéis hasta el final... y quiero que lo disfruteis. Así que en la próxima entrega, os doy lo bueno.
Ni tan siquiera un peldaño de las escaleras que conducían a mi casa. Ni si quiera me dejaste dar un paso desde que entré en el portal. Te abalanzaste sobre mí cual ave rapaz sobre su presa. Tenías hambre de mi. Y yo estaba deseosa de tus mordiscos.
Atacaste directamente a la yugular con tus besos. No dejaste ni un rincón de mi cuello por saborear. Cuando llegaste a mis orejas yo ya no podía contener mis gemidos. Sabías qué hacer para obtener tu marjar. Solo tenías que conseguir que mi desconfianza se esfumara como en el cuento del cocodrilo que lloraba para que el pajaro se acercase a él. Solo que tus lágrimas no eran otra cosa más que caricias, besos y mordiscos.
Sentiste que mi corazón latía más rápido y que mi resistencia se iba haciendo mucho más débil y en ese momento aprobechaste para arrebatarme la ropa y contemplar mis senos desnudos apuntando directamente a tus ojos. Quisiste probarlos, y a esas alturas yo ya te dejaba hacer lo que quisieras. Los agarraste firmemente, como si tuvieras miedo a que escapasen de tus manos y los lamiste, los besaste... Paseabas tu lengua furtiva por mis inocentes pezones rosados.
Quise escapar de ti. Y por un segundo, solo por un segundo conseguí alejar tu cuerpo del mio, pero no tardaste en volver a avalanzarte sobre mí. Estabas hambriento y no querías perder tu comida.
Me empujaste contra la pared y me apuntaste directamente a la cara con tu espada. Dios!! El deseo era tan grande... Y la tenía ahí, delante mía, dura y brillante. Esperando a ser utilizada... Era tal la tentación... Y tan duro mostrarme reticente a no sacarle brillo con mi lengua... Necesitaba sentir su calor. A esas horas de la madrugada mi cuerpo estaba frío y entumecido y decidió que quería tener una estufa a la que agarrarse. No pude evitar introducir tu virilidad hasta la garganta. Mmmm... Y ese sabor tan agradable...Sujetaste mi pelo, no fuera a ser que quisiera escapar, y descubriste que además te servía para dominar mis movimientos. Tú marcabas el ritmo con la mano. Embistiendo tu espada contra mi garganta una y otra vez.
Perdí la noción del tiempo. Simplemente disfrutaba de esa maravillosa sensación: mi cuerpo cedido a tus deseos, mi lengua moviendose al ritmo de tus embestidas, mis ojos clavados en los tuyos, brillantes, contemplando tu rostro deseoso, escuchando tus gemidos, tu entrecortada respiración... Una maravillosa ópera de ritmo desenfrenado y sonidos de lujuria.
No supe cuando tu masculinidad se hizo demostrable. Simplemente sentí que algo bajaba por mi garganta, caliente, sabroso... Mmmm... En ese momento solo deseaba beber y beber hasta emborracharme de tu miel. Había estado hurgando en la colmena, como un oso en el bosque. Una golosina para mis sentidos, para mi gusto.
Soltaste mi cabeza. Ya te habias saciado. Enfundaste tu espada y me dejaste, ahora sí, que subiese las escaleras hacia mi casa. Pero debió de gustarte el primer plato... pues no tardaste mucho en encargar el segundo para cuando nos volviéramos a ver...
Supongo que esto es un paréntesis en un album de recuerdos. Una página en blanco. En la que solo caben las palabras.
Hay cosas (sensaciones, sentimientos) que una imagen no consigue hacernos volver a sentir. Tampoco las palabras bastan para reflejar esos momentos en los que la respiración se nos corta, o los ojos se cierran sin saber bien por qué. Esos momentos en los que deseamos que el tiempo no pase. Que todo lo que nos quede de vida sea ese momento perfecto en el que abrazados a alguien, o sintiendo sus labios en nuestra piel, oliendo su cuello antes de que el sueño nos lleve, corriendo por una playa con los brazos abiertos sinetiendo la libertad en nuestro pecho, mirando al cielo mientras la lluvia nos empapa la cara. Esos momentos en los que la vida parece más corta.
Escuchando esa canción que algún día nos unió en un beso que jamás olvidaremos me doy cuenta de que mi vida ha sido hasta ahora demasiado corta porque no he sabido aprobechar bien esos segundos que nada ni nadie podrá recordarme.
Un día me dijiste que las promesas nunca son eternas y hoy me doy cuenta de que lo que no es para siempre no es lo que tu o yo digamos. lo que hace eterno a una promesa, es que jamás, jamás olvidemos esas razones por las que era importante prometernos. Lo que sentíamos al decirnos que jamás dejaríamos de amarnos, que jamás el tiempo y la distancia serían obstáculo para mantenernos firmes.
Ahora pienso, rodeada por las sombras del atardecer tras la persiana, que jamás, jamás habrá obstáculos para que recuerde lo que siempre he querido ser. Que jamás, jamás olvidaré lo que te prometí que sería.
Hace unos días tuve un sueño... Uno en el que me miraba en el espejo y detrás mia aparecía él. Con su torso desnudo y su mirada profunda clavada en mis ojos. Comiéndome con ella. Como siempre hacía cuando nos encontrábamos.
Se acercaba a mi, con su paso ansioso, con su mirada cada vez más lasciva.
Cada centímetro que se acercaba era una aguja clavándose en mí. Una aguja de placer, no dolor. Profundo placer. Deseo. Pasión. Desenfreno. Lujuria.
Con él cada noche era irrepetible pero faltaba siempre algo. Era una relación edulcorada, no endulzada. Como la sacarina en un café. Es dulce pero nunca es lo mismo que el azúcar.
Sus manos podían ya tocarme, podía sentir cada ranurilla de sus huellas rozando mi piel. Mis hombros, firmemente sostenidos por sus dedos se encogían como reflejo del cosquilleo que ya rodeaba mi cuerpo. Cada poro de mi piel dilatado, cada pelo de mis brazos erizado...Bajaban sus manos cruzando mi cuello, llegaron a rozar mis pezones, rodeándolos, acariciando mis pechos descubiertos y todavía con gotas de agua que todavía no me había secado de la ducha.
Mi cuello ya se había entregado a él, relajado y con vida propia seguía los movimientos de sus manos. Yo sentía el bulto que palpitaba en mi espalda. Su sexo ya se había despertado para jugar y el mío ya se humedecía de deseo por sentirlo de nuevo cerca, muy cerca.
Me agarró por la cintura y me hizo levantar del taburete en el que estaba sentada. Me giró lentamente y me besó. Fue uno de esos besos que hacen que pierda las fuerzas y mi cuerpo se rinda a él.
Hizo conmigo lo que quiso durante más de una hora hasta que caímos rendidos, empapados en sudor, en la alfombra.
Increíble, pero edulcorada.
Placer, pero sin sentimiento alguno.
Era mío, y yo suya, pero solo durante unos minutos, o durante unas horas, pero solo eso...El sexo, maravilloso, eso sí. Sin sexo la vida sería fría y aburrida.
Y yo... pues sueño con picardía, porque sueño fantasías que algún día serán realidad. Y sino... pues otras vendrán!.